Javier Olivares ••• | El tiempo es el que es

Javier Olivares ••• | El tiempo es el que es

Javier Olivares ••• | El tiempo es el que es

Guionista – Productor – Docente – Showrunner



Hay personas que no necesitan artificios ni palabras grandilocuentes para ser presentadas. Javier Olivares, uno de los grandes de este país cuya sobriedad, sencillez y discreción contrastan con su excelencia profesional y laureada trayectoria, es un claro ejemplo. Artífice de ser el cocreador -junto a su hermano Pablo- del Ministerio que mejor funciona en este país, ha hecho historia en vida dentro y fuera de nuestras fronteras. Es un fiel reflejo del honor y el orgullo de una época que por su complejidad y dureza bien podría denominarse, “Tiempo de valientes”.

La vida es una película en la que al final vas y te mueres. Ése es el spoiler por excelencia. Soy un pesimista que lucha con todas sus fuerzas para que la realidad mejore y poder dejar de serlo.

B.C| ¿A dónde vas, de dónde vienes?
J.O| Vengo de mi familia y mi barrio. No sé dónde voy. O si ya he llegado. Lo que sí tengo claro es que la vida es una película en la que al final vas y te mueres. Ése es el spoiler por excelencia.
B.C| ¿Crees en el destino?
J.O| Creo más en el azar.
B.C| ¿Qué tres palabras describen mejor tu personalidad? J.O| Trabajo, trabajo y trabajo. Y no siempre me gusta, que conste.
B.C| ¿Qué tres palabras usarían los otros para describirte?
J.O| Ni idea.
B.C| ¿Eres básicamente optimista o pesimista?
J.O| Realista, que está más cerca del pesimismo que del optimismo. Soy un pesimista que lucha con todas sus fuerzas para que la realidad mejore y poder dejar de serlo. Sé que no lo voy a conseguir, que no voy a cambiar el mundo. Pero sí tener limpio el patio de mi casa. Aunque, ahora mismo tengo una habitación en mi estudio que está patrocinada por Diógenes.
B.C| ¿Eres espontáneo, o siempre necesitas planear?
J.O| Siempre planeo, pero es necesario saber improvisar.
B.C| ¿Tiendes a discutir con las personas, o a evitar conflictos?
J.O| Discuto cada vez menos. No merece la pena. La única manera de responder no es discutiendo. Es con tu obra. Con la página escrita o con lo que se ve en pantalla.
B.C| ¿Te importa lo que los demás piensen de ti?
J.O| Me importa llegar a la gente con lo que escribo. Lo que piensen de mí, es cosa de ellos. Pero todos queremos que nos quieran.
Buen servicio, mal galardón.
Me impacta u ofende la injusticia, la hipocresía y la absoluta falta de meritocracia que nos rodea.
B.C| ¿Qué te hace reír?
J.O| Pocas cosas. Y suelen ser inesperadas.
B.C| ¿Qué, si lo hay, te impacta u ofende?
J.O| La injusticia, la hipocresía y la absoluta falta de meritocracia que nos rodea.
B.C| ¿Cuál es tu mayor fortaleza como persona?
J.O| Saber que, al final, siempre estás solo.
B.C| ¿Cuál es tu mayor debilidad?
J.O| Abarcar más de lo que puedo apretar.
B.C| Si pudieras cambiar algo de ti mismo, ¿qué seria?
J.O| Tener tiempo para los míos. Incluso tiempo para mí. Y saber disfrutarlo. Creo que eso, desgraciadamente, cuando te acostumbras al estrés, tiene difícil remedio.
B.C| ¿Qué te hace sentir orgulloso de ti mismo?
J.O| Hacer series como quería hacerlas. Y comunicar emociones.
B.C| ¿Cuál es la virtud que más valoras?
J.O| La nobleza y el esfuerzo. Me emociona la gente trabajadora. El esfuerzo, el amor por el trabajo bien hecho, es el origen del más absoluto de los talentos.
B.C| ¿Qué te apasiona?
J.O| Leer, ver y escribir.
B.C| Un tema de conversación…
J.O| La vida. Por eso me gusta tanto hablar de fútbol y de series.
B.C| Un refrán…
J.O| Buen servicio, mal galardón.
B.C| Una frase…
J.O| La vida es una sucesión de pérdidas y tristezas y de vez en cuando, alguna alegría. Pero no se lo contéis nunca a los niños (Marcel Pagnol). No es literal, que conste. La estoy diciendo de memoria.
B.C| Un lugar…
J.O| El mar en invierno. Mis ciudades como ciudadano que soy de ellas: Madrid, Cuenca y Barcelona. Y Londres que fue mi primer viaje a los 17 años.
Cada uno puede juzgarme como quiera.
Y no seré yo quien diga que se equivoca. A veces, uno hace cosas y no es consciente de sus efectos. El que las ve o las sufre, sí.
B.C| ¿Qué personajes han influido en ti?
J.O| Siempre me marcó mucho Serrat. Y Luis Aragonés. Y un jugador del Atleti llamado Gárate. En cuanto a showrunners, Tom Fontana, Paul Abbott y, ahora Noah Hawley.
B.C| ¿De qué forma equivocada te juzga la gente que todavía no te conoce?
J.O| Cada uno puede juzgarme como quiera. Y no seré yo quien diga que se equivoca. A veces, uno hace cosas y no es consciente de sus efectos. El que las ve o las sufre, sí.
B.C| ¿Qué canción serviría para resumir tu personalidad? ¿Por qué?
J.O| Sinceramente tuyo, de Serrat. Porque uno no puede olvidar quien es nunca. Pero, sobre todo, porque no te puedes cambiar ni disfrazar para ser aceptado. Es la peor de las mentiras, la que más duele. Porque no sólo engañas a los demás sino a ti mismo.
B.C| ¿Qué te quita el sueño?
J.O| Recuerdos de la gente que quiero y ya no está. Acabar cada día de rodaje a tiempo. El esfuerzo sobrehumano de mi equipo de El Ministerio del Tiempo.
B.C| ¿Te entiendes con el estrés?
J.O| No me queda más remedio. Hasta ahora, era cómo mejor funcionaba. Pero los años pasan y ya no es lo mismo.
B.C| Describe la rutina de un día normal para ti. ¿Cómo te sientes cuando esa rutina se ve interrumpida?
J.O| Mal. Sobre todo, cuando me llaman por teléfono para contarme un problema, no para darme una solución.
B.C| ¿Cuál es la meta que más deseas cumplir en tu vida?
J.O| Irme a la cama cada noche sin haber fallado a nadie y sabiendo que sigo siendo yo, no lo que otros quieren que sea.

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“España trata mal a sus héroes y a sus creadores y así no hay manera de tener referencias, excelencia… Goya lo expresó mejor que nadie en sus pinturas negras”.

B.C| ¿Dónde te ves en 5 años?
J.O| Si no paro, en un hospital. Hacer series en España es complicado y esta serie más. Está fuera de los parámetros normales… Y hay cosas que hacen tu trabajo más difícil. Por ejemplo, las dudas de si te van a renovar o no, te impiden planificar. Y cuando te renuevan, los plazos para hacer la serie son muy cortos. Tenemos que inventar 13 capítulos que son como 13 películas en apenas tres meses. Luego, los escribimos y ves que mucho de lo que creas no puedes hacerlo, porque hay que rodar cada capítulo (de 70 minutos) en 10 días y medio y manejas 2 o 3 épocas por capítulo, 200 figurantes… Para que te hagas una idea, una película normal dura media hora más y tienen seis semanas de rodaje y el doble o triple de presupuesto. Esto implica apretar al máximo a la gente que trabaja contigo. Hasta límites difíciles de aguantar. Podríamos hacer una serie más sencilla o peor… Pero queremos hacer la mejor serie posible. Todos.
Y seguimos adelante, con un público maravilloso, ganando premios y reconocimentos (45 premios en 2 años) nacionales e internacionales, entre ellos 2 Ondas seguidos como mejor ficción nacional (somos la única serie que lo ha logrado en su historia). Conseguimos que Netflix entre para difundir la serie a nivel mundial (no haría eso si la emisión en esa plataforma de nuestra primera temporada no hubiera ido bien, te lo aseguro). Y ONZA y Cliffhanger nos dejamos el alma por defender nuestra serie contra Sony y NBC (que no son poca cosa), sin ningún apoyo, gastándonos el dinero que no tienes, porque no conseguimos beneficios por mantener la calidad del producto… Y cuando Ciudadanos nos apoya en el Congreso, hay gente que hace chufla de ello, cuando me parece un hecho histórico que un partido político se preocupe por la industria cultural de nuestro país. Lo hace Obama con Sony en su conflicto con Corea y es un héroe, eso sí. Luchamos porque los capítulos duren 60 minutos sin éxito, porque se planteen renovaciones de dos temporadas y no de una, lo que nos haría optimizar esfuerzos y no pagar el alquiler de un plató vacío. Todo en vano.
Y el trabajo no se acaba escribiendo o rodando: ante la incertidumbre de si renuevas o no, hay que seguir luchando para que la serie siga en boca de todos. Y te dejas la vida en las redes sociales. Y viajando… Hasta que, de repente, te renuevan y vuelta a inventar otra vez 13 películas en 2 o 3 meses. O menos, porque un actor se va –con todo el derecho del mundo- porque se harta de esperar y tiene otra oferta mejor… Y, hala, a cambiar lo escrito porque ya no vale… Y, por fechas, tienes que empezar a rodar en invierno, que se hace de noche a las cinco y media… Llevo un año luchando porque la serie se produjera y tres produciéndola y viviendo para ella, a lo que hay que sumar que en este tiempo perdí a Pablo… Y al final, no puedes más. Por el esfuerzo, porque no te da tiempo a reciclarte, a pensar… Pero, sobre todo, por la tristeza. Una tristeza profunda. La de saber que, sencillamente, renovar implica llevar a tu equipo a la extenuación cuando no tendría que ser necesario. Eso sí, cuando vas viendo los capítulos recién rodados se te olvida todo. Piensas en lo que va a disfrutar el público y, por muy cansado que estés, eres feliz. Llevo vistos ya cuatro capítulos de la próxima temporada y son magníficos. Estoy orgulloso del equipo que hace El Ministerio del Tiempo.

El éxito no es que te reconozcan por la calle… Para mí, poder hacer series o novelas ya es un éxito.

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B.C| ¿Qué crees que hace a una vida exitosa?
J.O| Ni lo sé, ni me importa. Pero el éxito no es que te reconozcan por la calle… Para mí, poder hacer series o novelas ya es un éxito.
B.C| ¿Cómo nace en tí el gusto por las letras?
J.O| Desde que mi madre me contaba cuentos.
B.C| ¿Cómo fueron tus inicios como escritor?
J.O| Haciendo redacciones en el colegio.
B.C| ¿Qué lecturas te causan más placer?
J.O| Aquellas que me descubren un mundo nuevo o me cuentan lo que soy y dónde estoy. O, a veces, las dos cosas.
B.C| ¿Qué estás leyendo estos días?
J.O| Estoy releyendo La espuma de los días, de Boris Vian. Y quiero tener tiempo para leer Patria, de Fernando Aramburu.
B.C| ¿Cuál es el escritor que más admiras o te gusta leer? J.O| Max Aub, Vian, Shakespeare, Chejov, Salinger, Jardiel Poncela, Julian Barnes, Borges, Philip K. Dick, Jardiel Poncela, Baroja, Galdós… Son muchos, no solo uno.
B.C| ¿Te sientes influenciado por alguno?
J.O| Por todos los buenos libros que leo. Los citados antes pueden valer, si quieres nombres.
B.C| ¿Qué autor/es recomendarías?
J.O| Cualquiera. Cada uno tiene que buscar el espejo donde atreverse a mirarse a los ojos. Eso es la literatura o las series (las buenas son la mejor literatura moderna que pueda existir): nuestro espejo. Tienen que entretener. Pero no basta con eso. Tienen que ser nuestro espejo y el del mundo que vivimos, aunque cuenten una historia del siglo XV o del XXIII.
Tiendo a pensar que lo que me gusta a mí, le gustará a otros.
Yo no veo al público como el entomólogo a sus mariposas, clavadas en la corchera.
B.C| ¿Con qué novela te sientes más identificado? ¿Por qué? J.O| El guardián entre el centeno. Porque me recuerda a alguien descubriendo la vida y dándose cuenta de que no es un campo de flores. Y que siempre somos niños que deseamos cosas que, cuando las tenemos delante, nunca son como soñábamos.
B.C| ¿En qué sitio te sientes cómodo para escribir?
J.O| En mi casa (en el barrio donde crecí) y en mi estudio, al lado del Matadero. Pero estoy acostumbrado a escribir en hoteles y en el tren.
B.C| ¿En qué te inspiras a la hora de escribir?
J.O| En lo que he vivido, he leído y en lo que otros me cuentan.
B.C| Para ti, ¿qué es lo más gratificante de ser escritor? ¿Y lo más frustrante?
J.O| Comunicar emociones, poder trabajar solo… Frustrante, nada. Otra cosa es la venta del producto cuando está escrito. Suele ser una pesadilla, aunque yo he tenido mucha suerte. Estadísticamente, demasiada suerte.
B.C| ¿Debe el escritor construir una Literatura capaz de llegar a todo el mundo o limitarse a escribir para aquellos que considera capaces de entenderla?
J.O| Yo escribo para mí mismo. Creo que soy como todo el mundo y que no soy más listo que nadie. Tiendo a pensar que lo que me gusta a mí, le gustará a otros. Yo no veo al público como el entomólogo a sus mariposas, clavadas en la corchera.
B.C| ¿Cuál es tu principal aspiración como escritor?
J.O| Seguir escribiendo.
Me preocupan más los personajes que las peripecias.
Todos tenemos esas dos caras. Ellos, también.
B.C| Hablemos ahora de tu forma de trabajar. ¿Cómo creas la historia?, ¿tomas notas?, ¿diseñas esquemas?, ¿realizas un borrador previo?, ¿cómo das vida a sus personajes…?
J.O| Siempre planifico y estructuro. Me preocupan más los personajes que las peripecias. Doy vida a mis personajes intentando descubrir su lado más brillante y también el más vulgar, el más oscuro. Todos tenemos esas dos caras. Ellos, también.
B.C| ¿Eres metódico o más bien caótico a la hora de escribir? J.O| Metódico organizándome y planificando, escaletando. Caótico escribiendo. No tengo horarios. Una vez estructurado y ordenado todo, es hora de dejarse arrastrar por la emoción. Y la emoción no puede cuadricularse.
B.C| ¿Cuál es tu mejor escrito? ¿Por qué?
J.O| Está en series, Infidels, Isabel y El Ministerio del Tiempo (capítulos como el de Lorca, el de El Cid, el de Napoleón y, sobre todo, el de Felipe II). En novela, Felipe: heredarás el mundo. Pero estoy especialmente contento de Memoria, una serie de relatos cortos que me encargó Juan Cruz para El País. ¿Por qué? Porque he podido contar cómo veo el mundo y porque allí viven muchos de mis recuerdos. Tristes y alegres, pero son mis recuerdos. Y eso es un capital que se guarda en tu alma, no en un banco.
B.C| Dime de qué personaje creado por ti has sentido o sientes auténtica predilección.
J.O| Les tengo cariño a todos.
B.C| ¿Cuál es el papel del escritor en la realidad social española?
J.O| Aguantar y luchar por tener su propia voz, fuera de las corrientes imperantes o de lo que le ordene nadie.
B.C| ¿Qué te pareció la literatura publicada el año pasado?
J.O| No he leído la suficiente como para opinar.

¿Cómo ves el futuro de la literatura en español?


Mientras cuente lo que somos y cómo y dónde estamos, bien. Mientras se pierda en el estilo (“fíjate qué bien escribo”) y no en lo que se cuenta, mal. A mí –lo poco que sé- me han enseñado a escribir autores como Galdós y Baroja… O el “Así que pasen 5 años” de Lorca. Y en los libros de texto se les criticaba “porque no tenían estilo” y del otro ni hablaban. A Galdós y Baroja se les menospreció como a Chejov. Se decía que en sus obras no pasaba nada… Y era capaz de contarte que en un cenicero puede caber una catástrofe, como decía María Elena Walsh. Los anglosajones, como hacía Chejov, cuentan cosas desde los personajes. En España siempre ha habido una tendencia a que lo que importaba era la maestría de quien las contaba o la peripecia. Nosotros venimos de Lope. Ellos, de Shakespeare. Ésa es una gran diferencia. Y Lope tenía obras maravillosas, pero con Shakespeare sólo se puede comparar (y ganar) El Quijote de Cervantes. Nosotros tenemos a Cela y ellos a Scott Fitzgerald. Y cuando tenemos un genio como Lorca, lo matamos. O le despreciamos, como a Jardiel Poncela. Y la mejor literatura del siglo XX en castellano se ha hecho fuera de nuestro país (Cortázar, Borges, Sábato, García Márquez, Vargas Llosa…) Tiene mucho mérito escribir en castellano siendo español. España trata mal a sus héroes y a sus creadores y así no hay manera de tener referencias, excelencia… Goya lo expresó mejor que nadie en sus pinturas negras.

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Nunca puedes criticar la opinión de los demás hacia tu obra. Cuando te expones públicamente, es lo que hay.


B.C| ¿En qué puede contribuir la literatura a cambiar la sociedad de hoy en día?
J.O| En mucho. Si la gente leyera, claro.
B.C| ¿Qué eslogan propondrías para una campaña nacional de lectura?
J.O| En los momentos actuales, mi eslogan sería tan salvaje que prefiero no decirlo. Pero quien no lee, no imagina. Y quien no imagina, es imbécil.
B.C| ¿Qué es un best-seller hoy en día?
J.O| Soy respetuoso con ellos. Stephen King es el amo en este sentido y escribe de puta madre. Las primeras páginas de Corazones en la Atlántida son sobrecogedoras. Pero más que el libro o quien lo escribe, me preocupa el exceso de marketing. Y que sólo se cree o se fomente crear para vender. Y pensando que el público es tonto.
B.C| ¿Qué papel juega la crítica en España?
J.O| La crítica siempre es necesaria. Tan necesario como que nadie que empieza a escribir en una web se crea un crítico. Porque para serlo hay que estar formado e informado. Pero la crítica profesional es tan importante como la obra criticada. Sin la crítica, la cultura occidental no existiría tal y como la entendemos.
B.C| ¿Cómo te ha tratado la crítica?
J.O| No me quejo. Ni de lo bueno ni de lo malo. Y en mi caso, sólo puedo agradecer todo lo que han hecho por mis series, que es mucho. Hay que asumir las críticas, sean buenas o malas. Nunca puedes criticar la opinión de los demás hacia tu obra. Cuando te expones públicamente, es lo que hay. En este sentido, he cometido varios errores de los que me arrepiento profundamente.
B.C| ¿Cuál es tu siguiente proyecto?
J.O| Parar. Pensar. Y ver a qué me dedico escribiendo. Creo que es hora de reinventarse. Necesito escribir novelas, series… Pero con más tiempo. Volver a hacer lo que Pablo y yo hicimos con el Ministerio, que lo hicimos porque nos apetecía hacer una serie que nos gustara como público y que disfrutáramos escribiéndola… aunque no se llegara a vender nunca.
B.C| ¿Qué otras actividades realizas y disfrutas? ¿Cuál es tu idea de buen entretenimiento (considera música, películas, arte, el “Atlético de Madrid” :)))
J.O| Leer, ver series, pasear por la ciudad… Me encanta ver partidos de fútbol (los del Atleti menos, porque lo paso fatal)… Y viajar.
Me he hecho productor porque era la única manera de defender mis guiones.

B.C|¿Ha pensado en escribir en algún momento de tu vida tu biografía? ¿Cuál sería un buen título?
J.O| Mi biografía, no. Mis experiencias en el mundo de la ficción, tal vez. Su título sería Ahora que estás tan triste, te voy a contar un chiste. De hecho, lo fue: una editorial me compró los derechos de ese posible libro y lo titulé así. No se llegó a concretar ni yo lo empecé a escribir. Tenía, eso sí, organizado el índice. El título de cada tema, de cada capítulo, era un chiste. Porque muchas cosas son tan tristes, que mejor tomárselas a risa.
B.C| Uno tiene satisfacciones cuando realiza una actividad que le agrada ¿En tu faceta de escritor, profesor, guionista… qué es lo más satisfactorio? ¿En qué faceta te encuentras más cómodo?
J.O| Fui muy feliz dando clase de arte y estética en el IED de Madrid, donde tuve el honor de haber sido en su día el responsable del Área Cultural. O cuando coordinaba temas de cultura en los ayuntamientos de Madrid o Fuenlabrada… Trabajar con niños y jóvenes, abrirles puertas a la vida a través del arte o el teatro, era maravilloso. Pero llegas a una edad en la que pierdes el nexo con las generaciones más jóvenes. Y, si no lo dejas, te conviertes en un viejo quejica e insoportable. Me he hecho productor porque era la única manera de defender mis guiones, la idea que Pablo y yo teníamos de la serie, cosa que sería imposible sin Marc Vigil, Jorge Dorado, Abigail Schaaff, Anaïs Schaaff, el equipo de producción, de guión, de vestuario, de arte… Ahí si vas de individualista estás muerto. Y no dudo de que es apasionante, pero con más medios y, sobre todo, tiempo. Tal vez, por eso ahora, soy más feliz cuando estoy solo, escribiendo. Novela o guión.
B.C| ¿Cómo te definirías como escritor/guionista?
J.O| Como alguien que hace lo que puede lo mejor que sabe. Y que defiende su oficio y a sus compañeros.
B.C| ¿Tienes alguna manía inconfesable de escritor? Confiésala. 😉
J.O| Escribo con música y en pijama. Nada especialmente morboso, te lo aseguro. Voy hecho un espantajo.
B.C| ¿Por qué los lectores deben escoger una obra tuya para leerla?
J.O| Por nada. Es cosa suya. Sería muy pedante creer que deben leerme a mí. Con que lean algo de quien sea, yo tan contento.

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¿A qué atribuyes tú éxito? 


J.O| Mi único éxito es no olvidar de dónde vengo, lo que me ha costado sobrevivir (en todos los sentidos) y quién ha estado a mi lado y yo al suyo. Del otro éxito, como de la adulación, desconfío por sistema (gracias a los que mis padres me insistieron de niño en ese tema). Y si mis series han funcionado o, sencillamente, existido es gracias a otros… Yo he tenido la suerte de que en TV3 y en TVE me han dejado trabajar, han confiado en mí. Mis series son tan suyas como mías, aunque nunca me hayan dictado qué escribir. Porque sin ellos: Mónica Terribas y el departamento de ficción de TV3 y Fernando López-Puig y el departamento de ficción de TVE, jamás hubieran existido mis series. Ellos han entendido algo esencial. Que el cliente de un guionista es la cadena: pero sobre todo el público. Y que colapsar la comunicación directa entre el creador y quien ve el producto es, por esencia, antinatural. Muchos admiran la HBO. O quieren ser como ella. Pero el precepto de HBO es precisamente ése: creer en el autor y darle libertad. No considerarle un eterno melón a prueba. A veces pienso que aquí, a más de un ejecutivo le encantaría clonar a Cervantes o a Vian para corregirle el final de sus novelas. ¿Qué es eso de que Alonso Quijano muere, por Dios? Eso no es un final feliz. ¿Cómo es posible que Chloe (la de La Espuma de los Días) muere porque le crece un nenúfar en el corazón? Eso no lo va a entender nuestro público. Mejor una gripe. Cuando la muerte y el nenúfar son metáforas que nos pellizcan porque expresan lo sublime.
B.C| Objetivamente hablando, ¿cuál ha sido tu mayor logro hasta el momento?
J.O| Lograr vender y poner en pie El Ministerio del Tiempo. Piensa que somos una productora de formatos pequeñita, formada por una directora (Abigail Schaaff), un abogado experto en temas audiovisuales (Javier Carrillo) y dos guionistas (Anaïs Schaaff y yo). Y hemos levantado una serie que compite con las de productoras muy grandes, con más musculo, con más estructura. Y ahí estamos dando la cara.
B.C| ¿Cuál es la decisión, proyecto o cosa de la que te sientes más orgulloso?
J.O| Hacer El Ministerio del Tiempo y dejar Isabel tras crearla y escribir con Pablo la primera temporada. Fue difícil tomar esa decisión y una pérdida económica impresionante, pero había que hacerlo. Cuando está en juego tu dignidad, da igual lo que te cueste defenderla.
B.C| ¿Cuál es tu mayor arrepentimiento?
J.O| A veces, no haber sabido callar. Otras, no decir lo que debía y quedarme callado. Es difícil acertar y suelo ser bastante torpe. Mi madre le pide a la Virgen de las Angustias que nunca meta la pata. Curioso porque mi madre es hija de comunistas y no cree en Dios, pero sí en algún santo y en la Virgen de las Angustias. Es maravillosa.
B.C| Una cantidad de premios considerables engloban tu trayectoria profesional, ¿con cuál te sentiste más orgulloso al recibirlo?. ¿Por qué?.
J.O| El Ondas de Isabel. Fue el primero y pensé en mi hermano, que ya estaba enfermo. Y en Julia, mi compañera, que tanto me ha sostenido cuando faltaban las fuerzas. Pablo y Julia son las dos personas más importantes de mi vida. No pude evitar llorar. Lo habíamos conseguido, luchando por una serie en la que alguno de los que la hacían a mi lado no creían. Luego han llegado otros dos Ondas en apenas tres años. Pero el primero es el que más te llega. Y en los otros dos, aunque ya era una serie no producida por nosotros, había una gran diferencia: ya no estaba Pablo para darle la noticia.
B.C| ¿Cuál ha sido la experiencia más gratificante y placentera que has tenido en tu trayectoria hasta el momento, y cuál ha sido la más desagradable, la que quisieras que no hubiera ocurrido?.
J.O| La más gratificante, cuando cientos de personas en Twitter supieron que la secuencia en la que Lorca abrazaba a Julián era yo despidiéndome de mi hermano. Que sin que tú lo digas, la gente lo sienta, demuestra que la televisión puede ser maravillosa. ¿La peor? Cuando alguien te da órdenes para escribir tu historia como si fuera de él. Recientemente he tenido una experiencia especialmente desagradable por inesperada. Pero tal vez es culpa mía. Cuando más te ilusiona trabajar con alguien, es cuando no lo consigues.
B.C| Si pudieras cambiar una cosa de tu pasado, ¿Cuál seria, y por qué?
J.O| El tiempo es el que es. Y el pasado, también. Nada que cambiar. Me gustaría que hubiera habido a tiempo vacuna contra el ELA, eso sí.

No arrastro masas. El público es el que decide qué ver y a quién seguir. 

B.C| ¿Cómo te sientes arrastrando masas con “El Ministerio del Tiempo”? ¿Qué ha supuesto en tu vida esta serie?
J.O| No arrastro masas. El público es el que decide qué ver y a quién seguir. Y te acaba arrastrando a ti a seguir trabajando. Digamos que nos hemos encontrado los dos: el público y yo. Desde hace mucho tiempo, además. Desde Los Serrano y Los hombres de Paco. Tengo anécdotas maravillosas. Como un revisor del AVE que me veía escribir y me dijo: “Un honor, señor Olivares” y me llevó a otro vagón para que escribiera más tranquilo. Era fan del Ministerio. O una seguidora (Sandra) que estuvo chateando conmigo hasta que ya no tuvo fuerzas (tenía una enfermedad contra la que luchaba y, como mi hermano, para mí fue y es un ejemplo de vida). O un padre que me dijo que compartía, por fin, algo con su hijo viendo la serie… O un crítico francés amigo de Moffat que me dijo que daba fe de que éste conocía el Ministerio (no sé si me mintió para halagarme, pero efectivamente me halagó: Moffat era el guionista preferido de Pablo)… O la felicitación de Joseph Pérez (un maestro historiador) por difundir la Historia… O, con Infidels, cuando dos chicas me pararon en Barcelona (en un sitio tan especial como la plaza del Diamante) para decirme que estaba contando sus propias vidas… También con Infidels, recibí una carta de una madre dándome las gracias porque por la serie había entendido y aceptado que su hija fuera homosexual… Y habían recuperado la relación. O una carta del requeteheredero de un personaje de Isabel (Gonzalo Chacón) que me dio las gracias por cómo había tratado al personaje de su requeteantepasado… Pero esa gente no es “masa”, son personas, individualidades inteligentes que se han emocionado con mis series como yo escribiéndolas para ellos, aunque no conozca las caras de todos, porque son millones. Cuando das cariño, te dan cariño. En lo personal, El Ministerio del Tiempo es, por supuesto, un orgullo y un honor.
B.C| ¿Crees que el futuro está en las redes sociales?
J.O| No creo que el futuro esté sólo ahí. No soy tan maximalista pensando eso ni lo contrario. Pero sí que forman parte del futuro. Pero no olvidemos que, mientras los seres humanos lo seamos, nuestro futuro será alimentarnos, tocarnos, vernos, leer, pensar, hablar… Y todo eso no te lo dan las redes sociales. Éstas permiten 2 cosas. Una buena: comunicarse y expresarse más allá de los medios y el poder establecidos. Evitar seguir las pautas y los caminos por los que dichos medios y dicho poder quieren que vayamos. Lo del 11 M fue un ejemplo claro. Una mala: permite que hasta el más estúpido se crea un entendido, un filósofo… cuando sólo es un estúpido con pseudónimo. Y generan ruido (las redes sociales). Y un exceso de información errónea muchas veces, que casi peor que la desinformación. El exceso de ruido es el principal problema que tenemos. Tanto ruido no nos deja escuchar. Al final somos quienes somos por nuestras interrelaciones físicas e intelectuales. Pero, sobre todo, por nuestra soledad y por los momentos que queramos compartirla. Por el silencio, que nos permite pensar y mirar a los ojos a la vida, de verdad. A nuestra vida. Y nuestra vida no es estar tuiteando ni consumiendo. Sin reflexión no somos nada. Y sin silencio, no hay reflexión. Pero que quede claro: las cosas no son buenas o malas en sí. Depende del uso que hagas de ellas. Ni la televisión es siempre la caja tonta ni las redes sociales son necesariamente un pozo de ignorancia ni de maldad.

El egoismo bien entendido es el mejor de los altruismos


B.C| ¿Qué balance harías después de tantos años de carrera?
J.O| Que he hecho lo que he podido siendo leal a unos principios y a unas ideas. Que la guerra no se puede ganar, pero he ganado muchas batallas. Y que me he comunicado con millones de personas, (en tantas series, los últimos 20 años) cuando todo empieza siempre por la soledad tuya delante de un ordenador contando historias. Eso no tiene precio.
B.C| ¿Cómo te gustaría ser recordado?
J.O| Como alguien que cuando se equivocó, supo pedir perdón. Creo que más de uno no me recordará así. Y con razón. Lo siento profundamente.
B.C| ¿Qué te queda por aprender?
J.O| Cada día empiezo de cero. Lo único que va evolucionando es el oficio y la técnica, pero eso se aprende porque te lo enseñan. La vida es algo que sólo puedes aprender tú. Con tus experiencias y sin maestros. Es un libro en blanco, una sorpresa continua en la que siempre deseo encontrar a alguien que me siga enseñando a ser menos gilipollas.
B.C| ¿Qué es lo que más admiras de un sistema de gobierno, de una cultura y de una persona? J.O| Que sepa escuchar. Que valore los méritos y no las cartas de recomendación. Y que respete al diferente.
B.C| ¿Qué reivindicarías al sistema?
J.O| Inteligencia y sensibilidad. Pero es una utopía. Como la justicia. Desde hace siglos que el sistema (los gobernantes) no piensan en sus gobernados, sino en el poder y cómo mantenerlo.
B.C| Si tuvieras el poder de erradicar algo de este planeta, ¿qué sería?
J.O| Los fundamentalismos (y no me refiero sólo al islámico). Y la mortandad infantil.
B.C| Pensemos en los autores noveles que están leyendo esta entrevista. Ofréceles un consejo. ¿Qué crees que es fundamental?
J.O| Entender que se es escritor no porque quieras serlo, sino porque necesitas serlo. Yo escribo porque no me vale con una sola vida. Necesito vivir otras vidas. Por eso me las invento.
B.C| ¿Alguna pregunta que te hubiera gustado que te hiciera y no te he hecho? 😉
J.O| ¿Cuándo tomamos un café?
B.C| Un sueño, un deseo….
J.O| Resistir hasta acabar la tercera temporada y que sea la mejor de todas. Por mi gente, por mi equipo, por los ministéricos… Y por mí, por supuesto. El egoísmo bien entendido es el mejor de los altruismos. Quiero acabar la temporada en todo lo alto y que no decaiga en ningún capítulo (como ha pasado en las dos primeras temporadas alguna vez). Porque, como en las buenas novelas, hay tres cosas innegociables en cualquier relato: un buen título, una primera página excelente y una última página aún mejor.
B.C| Algo que añadir…
J.O| Gracias.
GRACIAS a ti, amigo mío, por todo.

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Fotos cortesía: Javier Olivares

Entrevista Fda: Melanie Belmonte

Fecha: 06/03/17

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